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Jordan CorizaPosted by:
Jordan Coriza, Department of Public Health

Jordan is the Director of Ethnic Media Engagement for the Department.

El gobierno del Estado anunció la semana pasada que ha concedido $85.000 dólares a las ciudades de Boston y Brockton para continuar su batalla contra la obesidad. En un mensaje anterior —cuando Massachusetts recibió más de medio millón de dólares para el mismo propósito— les comenté que me parecía irónico que hiciera falta más dinero para que la gente comiera menos. Permítanme hablarles sobre cómo dichas ciudades proponen invertir los fondos.

Parte del problema tiene que ver con el costo y el acceso a los alimentos saludables. En las zonas menos privilegiadas de la ciudad, donde se suelen encontrar la mayor densidad poblacional y la mayor pobreza, es menos común encontrar supermercados. En un supermercado encontrará una variedad de frutas, verduras, carnes y un buen surtido de ingredientes naturales. En las tiendas de conveniencia que suelen haber en las zonas más pobres de la ciudad encontrará, como dice su nombre, artículos de conveniencia. En materia de comestibles, esto quiere decir papitas, productos enlatados, comidas congeladas, etc., es decir, alimentos no particularmente saludables.

Pero sabemos que la obesidad tiene que ver con cosas que van más allá de la alimentación. Tiene que ver, por ejemplo, con la falta de actividad física. Digamos que a usted le gustaría salir a andar en bicicleta o a caminar después de cenar, pero vive en un área peligrosa, con poca iluminación y con aceras en condiciones pésimas. Pensemos que usted quisiera mandar a su hijo a jugar a la pelota o corretear con sus amigos, pero en su vecindario no hay un parque seguro.

Ambas ciudades proponen abordar una serie de temas que van desde el aumento en la disponibilidad de alimentos y bebidas saludables en ambientes públicos, hasta  prestar apoyo a los comercios locales para que ofrezcan alimentos y bebidas saludables en áreas menos privilegiadas. También han propuesto mejorar sus infraestructuras para incentivar a que las personas caminen más. Y así podría darles muchos ejemplos más.

Sí, es verdad que la clave puede ser tan simple como comer un poco menos. También es cierto que 85.000 dólares puede parecer poco dinero para lograr metas tan ambiciosas como hacer cambios de políticas municipales o convencer a supermercados a establecerse en zonas más pobres, pero se trata de propuestas creativas, prometedoras y, por encima de todo, necesarias. Como sociedad, no podemos darnos el lujo de que nuestros hijos contraigan enfermedades crónicas fácilmente prevenibles; enfermedades que no sólo causan dolor y sufrimiento a los que las padecen, sino también a sus familiares. Hace años que los expertos vienen diciendo que si no solucionamos el problema de la obesidad en este país, por primera vez en nuestra historia tendremos una generación que vivirá menos que la anterior.

Y ustedes, ¿qué cambios proponen hacer para proteger la salud de sus familias, vecinos y de la comunidad?

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